Viento en los oídos

Una novela oral, la crónica colectiva de una ciudad, una fábula histórica sobre el fracaso de la modernidad en un país que bien podría ser el nuestro.

Crónica de un tiempo de luchas y de injusticias, Viento en los oídos es un relato vivo y humano, agitado por conflictos latentes y caracteres firmes.

Una novela ¿escrita en voz alta?
«Viento en los oídos no es una novela escrita, sino dictada, o, si se prefiere, escrita en voz alta. Las palabras iban encontrando su hueco por su sonido, y muchas, sólo por su sonido, quedaron descartadas. También las frases y los párrafos iban buscando su sitio en el flujo sonoro. Por eso, quizá esté destinada a ser leída en voz alta. En los inicios de la modernidad, la novela se desarrolló gracias a que la imprenta permitió que la narración se emancipase de la memoria y de la garganta. Así que desde los mismos inicios de la novela, ésta sufrió la tentación de dar la espalda a lo sonoro. ¿Una literatura sin sonidos, meramente gráfica? ¿Por qué en la edad contemporánea se ha abierto aún más esta fractura entre lo oral y lo escrito? A lo largo del siglo XX y principios del XXI, las innovaciones tecnológicas, primero la radio y finalmente internet, nos están permitiendo registrar y difundir los sonidos, explorar nuevas formas de narración que devuelvan la voz a las palabras escritas. El futuro está abierto, y la novela, si sobrevive a la deshumanización creciente de la cultura, lo logrará explorando todas sus posibilidades y desparramándose en todos los terrenos y registros, bajo todas las formas».

*

AÑOS ANTES DE QUE YO NACIERA, mi tío Isidro fue llamado a filas para defender a tiros las últimas posesiones del imperio.

Decenas de miles de hijos del emperador fueron reclutados en las vastas tierras del interior y enviados a las lejanas colonias de ultramar. Los pastores dijeron adiós a sus montañas y a sus perros, los campesinos abandonaron el arado y los bueyes, los golfillos se despidieron de las billeteras y las comisarías. «Restaurar el honor mancillado de nuestro pueblo». «Proteger los logros de la civilización». Desde la gloriosa época de la conquista, ninguna generación gozó como ellos de la oportunidad de dar su sangre por causas tan elevadas.

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