El autor

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José Marzo es novelista y ensayista

[Redacción basada en «Apuntes para un autorretrato»: PDF]


«El estilo tiene que ser preciso, por la misma razón que el martillo debe ser duro», dice José Marzo en uno de sus aforismos.

Una mujer que se mira los pies en el baño, la amistad de un actor cómico y un inmigrante africano, el último encuentro de una pareja de amantes en un piso casi vacío… cualquiera que sea nuestra página de entrada a la obra de José Marzo, nos encontramos en un mundo abierto, expuesto a la imaginación y la inteligencia del lector con un estilo claro y sencillo que es su marca distintiva.

 

Primeros años: televisión, deporte, lectura

José Marzo nació en Madrid en 1967 y se crió en La Elipa, en el cinturón de barrios que se conformó en los últimos años de la dictadura franquista. Fue el menor de tres hermanos. Su padre trabajaba como operario en una fábrica de coches, y su madre, como asistenta ocasional en domicilios del centro de la capital. Ambos eran comunistas y católicos, aunque no dieron educación religiosa a sus hijos. El peso de la ideología será un factor decisivo en el desarrollo de la conciencia crítica de José Marzo. Librepensador, sus ensayos son la búsqueda de una cultura humanista que supere el autoritarismo y los dogmas, aunando la justicia social y la autonomía individual.

La familia alternaba los veraneos en la costa mediterránea y en un pueblo castellano. Las largas caminatas por el campo, los baños en el río y las excursiones en bicicleta le dejaron el amor por el contacto con la naturaleza.

La vida en Madrid era muy diferente. Niño de carácter reservado y solitario, se crió viendo la televisión y leyendo. Eran los años de Pippi Calzaslargas (Pippi Långstrump), Vickie el vikingo y Colombo. Leía todo cuanto caía en sus manos: periódicos, propaganda política, novelas juveniles como la serie de Los Cinco, clásicos de la literatura, libros de historia y divulgación científica, ensayos. Leyó varias veces las decenas de libros de la pequeña biblioteca familiar, a los que pronto añadió los préstamos de la biblioteca pública de Las Ventas. Cuando su hermana, cinco años mayor, comenzó estudios universitarios de psicología, él le seguía los pasos leyendo obras de Jean Piaget y Marvin Harris, entre otros.

Su otra pasión juvenil, además de la lectura, fue el baloncesto. Jugó como alero en el Dribling, un equipo de la liga federada de Madrid. Alto, fuerte y con buena técnica, pero no lo bastante rápido y con tendencia a distraerse, su porvenir como baloncestista no hubiera pasado de un discreto segundo plano. De aquella época conserva la práctica regular de ejercicio físico.

 

Los comienzos

 

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José Marzo hacia 1990. Foto de Lola Coya.

Su vocación de escritor se decidió en la adolescencia. Como el protagonista de su novela Un rincón para César, leía de noche en la cocina, con una manta a los hombros. De vez en cuando, un libro destacaba de entre los demás: El extranjero, de Albert Camus; El árbol de la ciencia, de Pío Baroja; los relatos de Chejov; Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari; Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll… Estaba descubriendo además otra faceta en su carácter: la reflexión, la tendencia a la especulación filosófica. Al terminar los estudios secundarios, comenzó la carrera de filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue el año de las manifestaciones por el referéndum sobre la pertenencia de España a la OTAN, en las que participó activamente, con el objetivo de convertir a España en otro país neutral siguiendo el modelo de Suiza. El resultado del referéndum borró este sueño.

La universidad le decepcionó: clases que se suspendían por inasistencia del profesor, la ausencia de un debate intelectual genuino. El desinterés era mayoritario entre los alumnos. El desánimo se fue apoderando de José Marzo. El año siguiente, fue llamado a filas. Al terminar el servicio militar obligatorio, no retomó los estudios. Sólo dos décadas después regresaría a la universidad, para graduarse en filología y obtener el título de máster en lingüística.

Con su novia de entonces, su futura mujer, inició una vida de trabajo y creación literaria.

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José Marzo autoeditó en 1992 su primera novela, que firmó como J.M. Ramírez. La fotografía de cubierta es de Lola Coya.

Los empleos se sucedieron: operario en la fábrica de motos Vespa, encuestador… Albergaba un sencillo proyecto literario: escribir un libro de relatos. El llamado «realismo sucio», del estadounidense Raymond Carver, era uno de sus referentes. Quería retratar la aparición de una nueva conciencia crítica, escribir una decena de historias contadas por sus propios protagonistas en el Madrid y la España de los años ochenta. Habían llegado la democracia y las libertades, el rock y el pop, pero también el desencanto de unos jóvenes abocados a la precariedad laboral, que chocaban con el muro de los privilegios institucionales y empresariales heredados de la dictadura. Comenzó a escribir el primero de los relatos, la historia de Andrés, que, tras concluir el instituto, pasa un año sin trabajar ni estudiar, indeciso ante su futuro. Aquel relato se convirtió en una novela de más de trescientas páginas, su primera novela: Café con hielo (1990). Los editores españoles la rechazaron. Autoeditada en 1992, la novela despertó el interés de muchos lectores, aunque no gozó de distribución comercial. La revista Ajoblanco entrevistó al autor. ¿Quién era aquel escritor desconocido que retrataba a unos jóvenes desorientados? Sus personajes eran los hermanos pequeños de los protagonistas de la movida madrileña; las puertas ya se habían cerrado para ellos. Las drogas habían convertido a uno de los personajes en un inválido mental. Las guitarras eléctricas estaban desafinadas. ¿Qué hacer, por qué luchar? Era una literatura muy alejada de las corrientes dominantes en la España de la época.

 

Los años en el Mediterráneo (1992-1998)

A finales de 1992, la pareja se mudó a Alicante. En los cinco años siguientes, José Marzo trabajó como recepcionista de noche en varios hoteles y ocasionalmente como maquetador de textos. También conoció el paro. En esta época fundó una pequeña revista artesanal, La Vieja Factoría, germen de la futura editorial. Con su segunda novela, Una maleta vacía (1994), retrata a un joven periodista. Si en la primera escena el protagonista recuerda su carrera nocturna por las calles de Madrid el 23 de febrero de 1981, fecha del golpe de Estado, en la última escena describe su huida de un restaurante cargado con una maleta. Desahuciado y sin dinero, ha pedido un menú y luego se ha marchado sin pagar. Ambas escenas están inspiradas en recuerdos del propio José Marzo, que, a los trece años, la tarde del fallido golpe de Estado, había estado jugando al baloncesto en una cancha municipal y luego corriendo por las calles desiertas de Madrid.

José Marzo considera que Café con hielo, Una maleta vacía y su tercera novela, Un rincón para César (1997), son sus obras de formación. Sólo para la tercera encontró un editor profesional dispuesto a publicarla y distribuirla. Aparentemente, Un rincón para César es la biografía de un joven que se marcha a vivir al campo, a un recóndito paraje cercano a los Picos de Europa, en Asturias. El estilo es documental, periodístico. Pero la historia está contada mediante las entrevistas que un amigo de César hace a sus amistades y familiares. En el fondo, esta novela peculiar es el autorretrato de muchas otras personas que, al hablar de César, no pueden evitar estar hablando también de sí mismas. Pocos críticos repararon en esta cualidad. La polifonía y la heteroglosia de esta novela de formación ya están anticipando los pilares sobre los que José Marzo construirá sus obras de madurez.

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Un rincón para César fue publicada por Bassarai (Vitoria).  Bajo la apariencia de una biografía, su estructura compone una heteroglosia deliberada, antecedente de las Novelas Plurales.

En Alicante, a finales de 1992, comenzó a escribir el volumen de mini-relatos Aurora (1992-2002). El relato ultracorto era un género muy extendido en Hispanoamérica, con autores destacados como Eduardo Galeano, pero no tanto en España. José Marzo había leído Cousas, del gallego Castelao, un volumen escrito antes de la Guerra Civil. El libro de mini-cuentos o mini-relatos ofrecía grandes posibilidades expresivas para un autor que cultiva la expresión sencilla. José Marzo invirtió una década en la redacción de los 77 mini-relatos de Aurora. Para cuando concluyó la colección, a principios del siglo xxi, su propia editorial era ya una realidad.

Pero los años alicantinos fueron sobre todo un periodo de lecturas y reflexión. El domicilio de José Marzo, a espaldas del castillo que domina la moderna ciudad costera, se encontraba a tan solo diez minutos a pie de la playa del Postiguet y del edificio de tres plantas de la Biblioteca Provincial, precedida por palmeras y magnolios. La visitaba a diario. Allí leyó cientos de obras de literatura y filosofía: La forja de un rebelde, de Arturo Barea; novelas de Doctorow y Graham Greene; El conocimiento humano, de Bertrand Russell. El centro de sus reflexiones comenzaba a ser la relación entre humanismo y realismo, los fundamentos de la democracia, sus límites. Se preguntaba por qué un sistema institucional que en su propia denominación lleva el concepto de participación tiende a convertirse en un sistema de regulación de intereses corporativos. ¿Es posible congeniar la igualdad con la libertad? ¿Qué entendemos por individuo? En aquel periodo, se estaban gestando muchas de las ideas que años después trataría en su ensayo El paso, escrito entre 2000 y 2004 y publicado mensualmente en una revista digital pionera, Luke, dirigida por el poeta Kepa Murua.

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La ilustración de portada de la primera edición de La alambrada es una obra del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. La novela también fue publicada por Bassarai.

Pero en aquellos años, sobre todo, un acontecimiento desgraciado: la muerte de uno de sus tíos, con el que había compartido vacaciones, paseos y veladas. José Marzo tardó años en enfrentarse a una conversación que nunca tuvo lugar. La alambrada (2001) no es una novela autobiográfica, y el carácter del protagonista de la novela, enfermo terminal en un hospital de Madrid, no es el de su tío real, hombre cariñoso y bromista. Pero en La alambrada coinciden la angustia por la muerte con la indagación del individuo y de su memoria. José Marzo escribió esta novela en 2001, en el barrio madrileño de Carabanchel, donde se había instalado un par de años antes. Acababa de perder un empleo y, en tan sólo diez días con sus noches, escribió la historia que llevaba meditando varios años. Un individuo habla con otro y se expone con la sinceridad brutal de la que sólo son capaces los niños y los moribundos. Es una novela realista, pero un realismo desde la subjetividad, el diálogo, la conciencia. En esta breve novela, ya se afirman las constantes que definen sus obras de madurez.


«Esta joya literaria, obra muy actual y abierta, por sus temas, por su tratamiento, se presta a una fácil ―si no lógica― transformación en guión de película o en obra teatral (no en vano, detrás de ella se perciben procedimientos y efectos del gran teatro griego y norteamericano).  A nadie debe sorprender que este elaborado y cuidadoso escrito (…) brille después de todo, en fondo y forma, por su frescura y su libertad expresivas».
(Isidro Cabello, Revista Quimera)

 

Madrid, la lucha por la autonomía creativa

«Un escritor sólo tiene su palabra; si tu palabra no es tuya, ¿qué tienes?»
José Marzo

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Primera edición de Aurora. José Marzo empleó diez años en escribir sus 77 mini-relatos.

En 2001 fue contratado como editor de divulgación científica por Nivola, en la que trabajó poco más de dos años. Al mismo tiempo que editaba los últimos números de la pequeña revista literaria La Vieja Factoría, colaboró en la creación de la Liga de Escritores Independientes (LEI), cuyo objetivo era construir un punto de encuentro de poetas y novelistas, compartir experiencias y abrir un debate sobre prácticas editoriales españolas heredadas de la ya lejana dictadura, como el sistema de premios previos. El experimento fue breve. Lanzó la revista La Fábula Ciencia, que no consiguió sobrevivir más de unos meses. Pero la idea de una editorial propia ya estaba madura. Su conocimiento del mundo editorial lo llevó a fundar ACVF-La Vieja Factoría. Lanzó los dos primeros libros a finales de 2006, toda una declaración de intenciones: el volumen Aurora, la colección de relatos en la que había estado trabajando una década, y El niño, la obra maestra del escritor francés Jules Vallès. Pronto siguieron los otros dos títulos de la famosa trilogía autobiográfica de este escritor: El bachiller y El insurrecto. Y meses después, más libros de gran calidad de otros autores: Campos de concentración, testimonio histórico y artístico del dibujante Josep Bartolí y del escritor Molins i Fábrega, elaborado y publicado en el exilio, en México, pero inédito en España después de setenta años; el Bestiario de greguerías, de Ramón Gómez de la Serna, ilustrado por el dibujante David Vela… Un año después, sin embargo, los pobres resultados económicos obligaron a José Marzo a suspender la publicación de nuevos títulos. Era el fin de la primera época de ACVF-La Vieja Factoría. La aventura editorial no había concluido, pero había que replegar velas. Las dificultades de distribución de la pequeña editorial aumentaban; el bloqueo mediático era casi total. En 2008, la crisis económica también se cernía sobre España. José Marzo aprobó las oposiciones públicas de Correos, a cuya plantilla se incorporó en verano del mismo año.

 

Una fábula histórica

Viento en los oídos (2005-2007) es una excepción en la novelística de José Marzo: una novela escrita en voz alta, para ser leída en voz alta, mezcla de historia e imaginación, escenas veraces y exageraciones. De nuevo, se trataba de una novela polifónica, aunque la pluralidad de voces se ocultan tras el niño, un narrador poco fiable que cuenta recuerdos que no son suyos y escenas que no ha presenciado.

José Marzo se había inspirado en las historias contadas en familia, en las sobremesas: lejanos recuerdos de la Guerra de Cuba, la vida en un pueblo de La Mancha, la Guerra Civil, los maquis y la represión. El propósito inicial de la novela era rescatar la memoria popular acerca de las luchas sociales que precedieron a la Guerra Civil, pero hacerlo de modo que su lectura proporcionase un fresco general de las luchas sociales que habían recorrido la Europa y el mundo contemporáneos, a finales del siglo xix y durante el primer tercio del siglo xx.  La novela se ambienta en una ciudad ficticia, Titulcia, nombre tomado de un pequeño pueblo madrileño, y narra las peripecias de unos personajes entre la Guerra de Cuba y la Guerra Civil Española, pasando por las luchas coloniales en el norte de África y la proclamación de la Segunda República. Su aparición coincidió con los meses en que se acentuaban las dificultades de distribución de la editorial. La novela apenas estuvo unas semanas en las librerías. Para difundir su obra, José Marzo la reeditó en pdf. Esta versión digital gratuita conoció miles de descargas en los meses siguientes.


«AÑOS ANTES DE QUE YO NACIERA, mi tío Isidro fue llamado a filas para defender a tiros las últimas posesiones del imperio.
Decenas de miles de hijos del emperador fueron reclutados en las vastas tierras del interior y enviados a las lejanas colonias de ultramar. Los pastores dijeron adiós a sus montañas y a sus perros, los campesinos abandonaron el arado y los bueyes, los golfillos se despidieron de las billeteras y las comisarías. “Restaurar el honor mancillado de nuestro pueblo”. “Proteger los logros de la civilización”. Desde la gloriosa época de la conquista, ninguna generación gozó como ellos de la oportunidad de dar su sangre por causas tan elevadas»

(Principio de la novela Viento en los oídos)

 

Las Novelas Plurales

La alambrada, con su combinación de diálogo, memoria individual y conciencia, ya había planteado la forma realista de novelar que caracterizará sus obras siguientes. Entre los años 2008 y 2014, José Marzo creará otras tres novelas cortas, pequeños mecanismos en los que intentaba cuidar cada detalle, cada palabra. Sus claves: un estilo sencillo, impresionista, y unas estructuras narrativas que combinan planos diversos de la realidad, tanto la objetiva como la intelectual, y multiplican las voces, en un despliegue deliberado de heteroglosia.

Olga y la ciudad (2009-2010) cuenta la historia de una mujer rebelde a través del guión cinematográfico que un grupo de cineastas elabora, para lo cual se han concentrado en una casa rural en la Sierra de Aracena. Varios planos de ficción se solapan: la historia de Beatriz y su hija Olga; la historia del escritor que consagró su vida a escribir la novela protagonizada por Beatriz; y la historia de los cineastas que, al enfrentarse a la creación del guión, se ven confrontados a sí mismos… Múltiples planos de ficción, múltiples perspectivas, Olga y la ciudad es considerada por algunos lectores la mejor obra de José Marzo.

Actores sin papel (2013) es una novela humorística, agridulce. Un actor en paro, acompañado de su perro cojo, hace amistad con un inmigrante que vende el periódico La Farola a la puerta de un supermercado. Las conversaciones a la entrada del establecimiento nos asoman a la historia de Peter, que perdió a su amigo de infancia en aguas del Estrecho de Gibraltar. Pero también se nos cuenta la historia de Gus, el actor; la historia de su perro, que recorrió cientos de kilómetros en busca de su anterior amo y se equivocó de barrio; y la historia de redención de un hombre que cumplió condena de prisión por el accidente de tráfico en que murió su hija, y que, tras vivir en las calles y parques de Madrid, encontró de nuevo el camino de vuelta a casa. Monólogos teatrales de un actor excluido y roto, que se niega a dejar de expresarse y de crear.

Noticias del fin del mundo (2014-2015), por último, es una novela de amor y de sexo, pero no sólo sobre amor y sobre sexo. Dos amantes pasan en un piso casi vacío su última tarde juntos. Es julio de 2014, una época opresiva. Hacen el amor y se comunican sin palabras. El final de una historia de amor comienza cuando las imaginaciones de los amantes siguen caminos distintos.

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Ilustración de cubierta de Agua

 

Agua, una despedida

La colección de aforismos titulada Agua (2011-2016) es hasta el momento el último libro de José Marzo. Publicada en 2016, reúne aforismos sobre lenguaje y literatura, los valores democráticos, la identidad y la noción de verdad.

Agua fue no sólo la despedida provisional del escritor, sino también la última propuesta de la segunda época de ACVF-La Vieja Factoría, una empresa insostenible económicamente, asfixiada por limitaciones en la distribución y la promoción de sus libros. Pese a todos los obstáculos, unos cuarenta títulos habían salido de la factoría en poco más de una década. Los últimos, la serie de libros de cuentos Relata, con obras en español de autores actuales. No podemos olvidar la reedición de Senderos de gloria, de Humphrey Cobb, ni la versión digital de la monumental Historia de la novela en España, un recorrido de tres mil páginas por la novelística española, escrita por Juan Ignacio Ferreras, autor también de las novelas y narraciones de la serie Laberinto.

La segunda época de ACVF-La Vieja Factoría había llegado a su fin. Fueron años de trabajo intenso: varias novelas propias, algunas decenas de libros de otros autores. Años en los que José Marzo compagina el trabajo en Correos* con la creación literaria, la actividad editorial y los estudios universitarios. En 2017, completó el grado de Filología en Estudios Ingleses, y en 2018 obtuvo el título de Máster en Ciencia del Lenguaje y Lingüística Hispánica. Su objetivo era renovarse profesionalmente y centrarse en investigar los valores democráticos desde la perspectiva lingüística. Los proyectos creativos debían esperar.

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«Yo no escribo para un millón de lectores, ni para diez mil, ni para cien… yo escribo para ti.» Agua, José Marzo.

 

[Redacción basada en «Apuntes para un autorretrato»: PDF]