El paso

¿Qué es la democracia? ¿Cuáles son sus valores constitutivos? ¿Por qué éstos y no otros? Una indagación del fundamento humanista de la democracia y una apología del pluralismo y el debate.

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Una abeja amarilla y negra al calor del estío,  junto a un manantial.

 

0. El movimiento

Yo pertenezco a la rara estirpe de personas que, por vocación, cada día caminan un promedio de dos horas. Pero, salvo en el rasgo de la vocación, estos pasos en lo básico no me distinguen de los de cualquier mamífero terrestre. También una vaca camina mecánicamente, por ejemplo para desplazarse a la zona del prado donde el pasto es más abundante.

Un paso específicamente humano, aunque primitivo, es el simbólico. Enseguida acude a la mente el paso televisado que Neil Armstrong dio en la Luna el 21 de julio de 1969. En realidad, nada fundamental habría cambiado si Armstrong hubiera puesto en la Luna la cabeza y no el pie, o si se hubiera enredado al salir de la escotilla, cayendo de espaldas. Lo importante es que, tras miles de años de ciencia y política, la humanidad demostró en la segunda mitad del siglo xx haber adquirido conocimientos científicos y capacidad organizativa y económica suficientes para lanzar una nave tripulada fuera de la Tierra, posarse en un satélite, recoger y enviar información y regresar.

Pero existe un tipo de paso humano que, además de sencillo, considero más inteligente y verdadero. Por ejemplo el paso que damos para situarnos en un lugar más adecuado desde el que observar y evaluar una escena. O el del hombre que penetra en la comisaría para acusarse de un asesinato. O el del niño que, a la entrada del colegio, decide irse al parque a jugar al fútbol. O el del soldado que durante la noche salta de su catre y deserta del ejército. No son pasos mecánicos, ni simbólicos, ni regulares, sino pasos concretos no previstos, que responden a una pluralidad de opciones, nacen de la inquietud y producen un cambio en la biografía de sus protagonistas, y a veces, excepcionalmente, en la historia universal.

Algunas personas consideran peligroso este ejercicio de inquietud. Tanto, que incluso se han creado sistemas filosóficos que pretendían negar la existencia de la pluralidad y del cambio, del movimiento.

Podemos afirmar que no lo han conseguido.

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