El origen del mundo, de Gustave Courbet

Más que representar lo real, este cuadro nos transmite la fascinación de una mirada sobre la realidad. Porque también la mirada forma parte de la realidad representada. Sea un zorro agazapado en la nieve o el sexo de una mujer, Courbet logra situarnos con sus cuadros en el terreno de lo admirable sin caer nunca en lo evidente ni en la provocación. El origen del mundo, siendo explícito, elude lo obsceno; es sexual, pero evita la pornografía. Más delicado y sugerente que obvio, Courbet rompió en este cuadro con todas las ataduras del falso amor cortés y nos ofreció una obra donde la belleza y el deseo de un instante quedan como suspendidos en el tiempo.

José Marzo

El origen de mundo (1866). Musée d’Orsay, París

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